¿y el agresor? (cuarta parte)

¿Cómo detectar si un hijo está intimidando a otros niños?

Los niños pueden estar intimidando a otro si ellos:

  • Se involucra en peleas físicas o verbales
  • Tiene amigos que intimidan a otros
  • Es cada vez más agresivo
  • Lo envían a la oficina del director o de la detención con frecuencia
  • Tiene dinero o pertenencias nuevas sin explicación adicional
  • Culpa a otros por sus problemas
  • No acepta la responsabilidad por sus acciones
  • Es muy competitivo y se preocupa mucho por su reputación o popularidad

La reacción de los padres cuando se les informa de que su hijo está acosando a otro suele ser ponerlo en duda, e incluso acusar a la víctima. A veces incluso cobra mayor dimensión porque las familias intervienen, se posicionan, de modo que no sólo no lo corrigen, sino que manipulan a otras familias en contra del propio acosado.

Lo normal es que el padre lo niegue e incluso llegue a enfrentarse con la familia que denuncia el acoso. En vez de sancionar o intentar corregir la actitud de su hijo, lo niegan, e incluso amenazan a los padres de la víctima para que no acusen a su hijo, lo que deja claro de quién ha aprendido la conducta el niño. Una reacción comprensible, ya que aceptar que su hijo es un acosador supone de algún modo poner en cuestión su labor como padres.

El agresor suele ser un niño con baja autoestima que busca ser admirado. El lenguaje y formas que se emplean en el hogar suelen estar llenas de insultos y descalificaciones, aunque sea para hablar del jefe o del vecino, lenguaje que debe ser cortado de raíz de forma visible para los hijos. En caso de que los padres no sean capaces de reconducirlo en casa es conveniente que se evalúe a su hijo, porque quizá esté resolviendo y ventilando de esta forma problemas personales, inseguridades o dificultades que le generan rabia.

Es fundamental reconocer la realidad, sustituir la negación o el sentimiento de culpa por la responsabilidad y ponerse manos a la obra, en colaboración con la escuela. Los acosadores de algún modo están pidiendo ayuda, llamando la atención. No puede haber impunidad, pero requieren toda la colaboración para salir de esa situación y emprender otro camino. Tienen que dejar de sentirse héroes, de minimizar lo que hacen, de culpar a la víctima. Tienen que reparar el daño causado. Es imprescindible una medida correctiva, pero también una reeducación. Sólo el castigo no basta para que cambien, hay que tratarlos para que entiendan que lo que han hecho está mal, se arrepientan y aprendan a hacer algo que repare el daño. Hay que enseñarles a ser protagonistas en positivo en lugar de en negativo.

Estudios señalan que un 60% de los niños que participan recurrentemente en comportamientos de acoso cometen al menos un delito antes de los 21 años, y un 24% cometen al menos tres. Estos estudios demuestran que ser acosador es una mala noticia para la familia. El padre que se felicita de que su hijo está encima y no debajo, de que es acosador y no acosado, está posponiendo un problema que le va a caer después a la sociedad.

Agresor

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